Algunas consideraciones

– Tengo una hermana mayor que vale un potosí. Llamémosla Allende. Está haciendo auténticos malabares para acompañarme a las innumerables pruebas y citas médicas pero siempre vendiéndomelo como “casualidades” que permiten que me acompañe, sabe exactamente qué decir  en cada momento para hacerte sentir bien, respeta mis tempos y sé que siempre tiene el teléfono encendido por si me apetece hablar. Si en algún momento te toca pasar por esto, asegúrate de tener a alguien como ella a tu lado.

– Habla del tema con toda la naturalidad que puedas. Yo pasé dos días malos. Creo que fueron exactamente dos los que tardé en asumirlo. A partir de ahí, todo ha ido rodado. No te cortes en pedir a tu gente que te respete, que entiendan que no quieras hablar del tema, pero que tengan el hombro preparado por si te apetece apoyarte en ellos. Son tu familia y amigos y lo entenderán.

– Sonríe. Mucho. A todas horas. A mí es que me sale solo, pero creo que es algo imprescindible. Yo he tenido la grandísima suerte de que la única sesión de quimio que ya me he dado no me ha provocado ninguno de los múltiples y muy desagradables efectos secundarios que puede dar. Con lo que, como no me duele nada, es fácil mantener un estado de ánimo “saleroso”. Estoy convencida de que una actitud positiva influye favorablemente en el proceso de recuperación.

– Mantente activa. Sal a la calle. Disfruta de tus amigos. Juega con tus hijos. ¡Vive!

 

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