Home, sweet home

Rizar el rizo. Eso es lo que han hecho Allende y los príncipes. No me han reformado la casa, no. Me han reformado las vistas. Han conseguido plantarme una calita de ensueño en la terraza de mi casa: un octavo piso en pleno centro ciudad.


Pero eso no es todo.  Me han regalado una maqueta. ¿Será que pretenden ampliar nuestro castillo?

Las cariñosas doncellas de la corte me han agasajado con flores.


Y por supuesto, por fin he podido degustar los manjares del genio de la lámpara.
Lo que no sé es quién me ha regalado la entrada para el concierto de Los Picores de la Muerte al que asisto cada noche desde que volví a casa…

Y es que, como dice la Reina Madre, como en la cama y el wc de uno, en ningún sitio.

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