Primera consulta con la radioterapeuta. Caso práctico de surrealismo.

– ¡Hola! Soy la bella princesa amazona y vengo a mi primera consulta de radioterapia.

– A ver -comprueba la lista-. Ah, sí. Espera cinco minutos ahí en la sala, que te llamo enseguida.

Treinta minutos más tarde (chiquilla, tú eres de letras puras como yo, eh? No te acercas al resultado ni de lejos) me siento en la mesa de recepción y compruebo  que en la etiqueta de mi historial pone bien grande: 14-03-1935.

– Estooo… perdona, ¿eso se supone que es mi fecha de nacimiento?

Y es que ciertamente de todos los allí presentes el que menos, me saca cuarenta años. Pero leñe, ¡que no me conservo tan mal! Seguro que a mí me han colocado allí para bajar la media.

– Uy, jijijiji, perdona.

Lo corrige, comprueba otros datos, me indica que me toca con la Doctora Cencerro y me entrega varios folletos publicitarios y una carta informativa en la que se te pide paciencia cuando llegues puntual a tu sesión y veas que es tu hora y no entras. Las máquinas se rompen cada 2×3 y tendrás retraso más de una vez. Incluso alguna otra vez te llamarán para cancelar tu cita del día porque van a tardar dos o tres días en arreglarla.

– Pues nada, ya está todo el papeleo. Espera cinco minuticos, que la doctora te llamará enseguida.

¿Cinco minuticos? ¿Enseguida? No sé por qué no la creo. Pero da igual, porque he pasado un rato de carcajadas que no tiene precio:

Risa contenida cuando una señora sentada bajo el cartel de “Por respeto a los pacientes, rogamos eviten tratar temas relacionados con su enfermedad” te cuenta indignada que se ha puesto a hablar con una chica de la envidia que le daba el pelo cortito que ya tenía la chica, que ella no cree que a su edad ya le vaya a salir… y un señor sentado en frente se ha enfadado mucho y le ha amenazado con chivarse a la enfermera y denunciarla si hace falta porque lo dice el cartel.

Risas cuando el marido de una paciente, inocente, encantador y sordo como una tapia mantiene esta conversación con la chica del mostrador:

– Señor Tapia, ¿dónde viven ustedes?

– Aquí.

– No, hombre. Aquí no puede vivir. Esto es el centro oncológico. Es para avisar al conductor de la ambulancia que les recogerá mañana.

– Que aquí.

– No hombre, dígame la zona.

– ¿Qué zona?

– La zona donde viiiiiveeeeeeeeeeee

– Ah! Espera, espera, bonica… que con los nervios no me acuerdo…

Carcajadas incontenibles, con lágrimas incluídas, cuando el abuelico de al lado, con su correspondiente boina enroscada hasta las orejas, te cuenta que “loh chiquilloh d’ahora no tienen dengún rehpeto a suh padreh. A mí una vé me se ocurrió beberme doh vasicoh de vino y pegar un silbío y resurta q’al lao había un entierro. Me dio una ot’tia mi padre que me paró la paré de enfrente. Y en andemáh me soltó cuatro correazoh q’aún macuerdo”.

Ese rato ha sido memorable.

Sesenta minutos más tarde me llama la doctora. A mí y a dos pacientes más. Y fíjate tú que no me sorprende no ser la primera en pasar a consulta. Soy la tercera. De tres. Ole. Veinte minutos más.

– Bueeeeno, Blanca, siento taaaaaaaaaanto el retraso… estarás negra ya, ¿no?

¿Esperará que me ría?

– A ver, Blanquita…

(¿¿¿Ha dicho “Blanquita”?????? Y encima va y me acaricia el costado y el brazo en plan cariñoso, justo en ese sitio donde aún lo tengo inflamado y la puñetera parestesia me hace ver las estrellas cada vez que siento un mínimo roce. )

– AAAAAYYYYYY! – me aparto en un acto reflejo- Por favor, no me toque que aún lo tengo muy dolorido.

– ¡Uy! ¿Si? ¿Pero cuándo te operaron?

– Hace 24 días.

– Pero si no hace ni un mes! ¿Cómo que te han enviado ya para acá?

(¿A eso también espera que conteste?)

– … bueno, esta cita realmente es una entrevista social para conocernos, desmitificar el tratamiento de radioterapia…

– Bueno, realmente no tengo ningún mito creado sobre la radioterapia, igual que tampoco lo tuve con la quimio. Ciertamente he tenido mucha suerte porque he llevado todo el proceso estupendamente, y sobre todo con muy buen humor.

– Ah, te envía el doctor Druida. ¡Qué encanto! Es una persona muy especial, muy cariñoso, estás en muy buenas manos.

– Sí, gracias. Es amigo de la familia desde hace mucho tiempo.

– Ah, bueno. Yo realmente no lo conozco en persona (¿¿¿Ein???). ¿No te ha dado ningún informe?

– No, en la prescripción que he entregado en recepción puso el doctor que he recibido seis sesiones de quimioterapia por un cáncer de mama, que he sido operada de una mastectomía radical modificada y ruega lean mis informes para valorar radioterapia. Por eso le he traído copia de todo el historial.

– Ahhhhhhh, eso está bien. Que nos haga trabajar. (¿¿¿???) Muy bien -recoge la documentación que le entrego y la guarda en mi expediente-. A ver… ¿Edad? ¿Cuántos hermanos tienes? ¿Eres la mayor, mediana, pequeña? ¿Trabajas?

– Sí.

– ¿En qué?

– Organizo congresos.

– Ahhhhh, bueno, claro, será muy estresante. Tantas cosas que organizar, controlar, llevarte trabajo a casa…

– Pueeeees… no.

– Claro, lo que tenemos que hacer es bajar el perfil de estrés, no llevarnos trabajo a casa…

Empiezo a pensar que esta mujer no me ve. O me ve pero no me escucha. O me ve y me escucha pero le importa un carajo lo que diga porque ella me va a soltar su discurso igualmente.

– Estoooooo… que le digo que no, que yo soy muy activa pero muy serena y jamás me llevo trabajo a casa.

– Bueno, claro, hay perfiles… y luego nosotros entramos en ellos o no… ¿Casada o soltera?

– Casada.

– Ah, bueno, claro. Hay un estudio de la Clínica Tal que indica que el cáncer de mama derecha viene determinado en numerosas ocasiones y entre otras cosas por problemas con los hombres.

Aquí mi cara ya debía ser un poema.

– ¿¿Perdón????

– Sí, sí. No tiene por qué ser con el marido. Con los hombres en general.

– Estoooo… vale… (esto me ha dejado fuera de juego) pero es que el mío es de mama izquierda.

– Claro, claro. ¿Tienes hijos?

– Sí, dos.

– Claro. Es que según el mismo estudio el de mama izquierda viene muchas veces determinado entre otras cosas por problemas con los hijos, por querer controlarlo todo, hijos que tienen 2 años y madres que proyectan para cuando tengan 20…  ¿me entiendes? Si se te muere un marido, no es de extrañar que desarrolles un cáncer de mama derecha pero si se te muere un hijo… ¡ZAS! Al año, un cáncer de mama izquierda.

Yo aquí es que ya no daba crédito. No sabía si estaba hablando con la radioterapeuta o con una pseudovidente justificando el gasto telefónico de la usuaria…

– A ver, entiendo que ese estudio habla de estándares, ¿no?

– Sí, sí, claro. Luego ya el paciente puede que sea uno de esos o no…

– Ah.

Y aquí, con gran maestría e igual de estupefacta que yo, interviene la Reina Madre:

– ¿Y el componente genético no tendrá algo que ver? Abuela materna mama con metástasis en el hígado; abuelo materno leucemia; abuela paterna hígado; padre colon…

– Claro, claro. La genética es muy importante. Espera, espera, despacito que lo voy a apuntar.

Áaaaaaaaangela María, al fin oigo algo sensato…

– Bueno, con la madre que tienes… porque es usted su madre, ¿verdad?

– Sí, sí.

– Con el carácter y la energía que usted tiene, no me extraña que su hija lo lleve tan bien…

Y se ponen a hablar de que esa energía seguramente venga de lo mucho que tuvo que trabajar mi madre siendo muy joven cuando quedó huérfana de madre y quedó a cargo de sus hermanos y su padre. Que además ha sido muy deportista hasta que tuvo que operarse de la cadera hace unos años…. Y yo observo la escena y pienso que lo que estoy viviendo es una broma de esas para un programa de cámara oculta.

Finalmente escucho algo concreto como darme una cita para el TAC, para hacerme el molde de sujeción que utilizaré durante las sesiones y emplazarme a la siguiente semana para comenzar el tratamiento.

Ni una mención al tratamiento en sí, ni al procedimiento, ni a los cuidados previos ni durante el mismo, ni a los posibles efectos secundarios…

Lo dicho, varias horas después yo sigo pensando dónde narices han escondido la cámara oculta.

 

7 comentarios en “Primera consulta con la radioterapeuta. Caso práctico de surrealismo.

  1. No-doy-crédito! Júrame que no te lo has inventado, porque eres un crack! Yo ya casi no veo la tele, pero estaré atenta, en breve sale esta escena… En tomas falsas! Es que no doy crédito!..

  2. uuuufff…. a mi se me ha debido morir un hijo, porq el mio es del izdo. o es que la muerte de mi padre me ha confundido tanto que se ha cambiado de pecho el trauma!! jaaajajajaaa… que tia, no tiene desperdicio!! Y el cartelito de no hablen de su enfermedad???? a mi me dijeron tambien los técnicos que no hablase con las pacientes y es mas, me dijeron que NO ESCRIBIESE EN EL BLOG porque los demas se compararía con mi caso para bien o para mal y eso nNO NOS AYUDABA A LOS PACIENTES!!
    1.- ¿Donde queda la libertad de expresión? porque eso de que te inviten a no escribir…. por supuesto tampoco a hablar en la sala de espera…. ejem…
    2.- Qué coño saben lo que nos ayuda y lo que no nos ayuda a los pacientes????
    3.- A la radioterapia vamos despues de un sinfin de tratamientos que ya sabemos que no nos sientan igual a unas personas que a otras… no nos traten de gilipollas, porque ya sabemos que si a mi la radio me hace quemadura igual a ti no o igual te hace mas… etc…

    En fin , BLANQUITA, jajajaaaa, que te voy a contar no? que ole tu salero y gracia para contar esto que no hace ni puñetera gracia en realidad.

    (con tu doctora vamos a tener que hacer el decálogo de cosas que un radioterapeuta no debe decir a los pacientes)

  3. madre del amor hermoso¡¡¡¡ no pué ser… esto en la España cañí?? no pué ser que pase…vaya tela, telita….., de aquí al camara café, seguro que no habia una oculta??’
    un beso muy dulce¡¡

  4. Blanca lo que te pasa a ti es surrealista. Jajaja seguro que el estudio ese dice que es por culpa de los hombres??? Yo que pensaba que era de dejar que mis novietes me tocaran las tetas sin estar casada….
    En fin pa mear y no echar gota

  5. joe, efectivamente debía de haber alguna cámara oculta por algún lado porque esto es de traca. Te ries porque mejor tomárselo así que del otro modo y también porque tienes mucha gracia contándolo pero tiene narices la cosa…

    Un saludo.

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