Radio session

Hablando el otro día con Mariprima,me dí cuenta de que no os he contado cómo son mis sesiones de radioterapia. Así que hoy, siguiendo con nuestras lecciones de vocabulario como ésta o ésta, definimos “radioterapia”.
Superada –y digo bien, superada- la primera visita con la Dra Cencerro, te citan una semana más tarde para hacerte un TAC de simulación, los tatuajes y tu “cojinete” (ellos son más fiSnos y lo llaman “cuna”, pero es un cojinete. Más duro que una piedra). 

Y llegas el primer día perdidísima. Ahora que ya me han dado más de la mitad de las sesiones, me da ternura ver la cara de los “novatos” de primer día. Esa cara asustadiza, cómo nos pasan el escáner visual a todos y cada uno de los allí presentes intentando adivinar quién es el paciente y quién nuestro acompañante y, sobre todo, dónde se ha alojado nuestro bichocabrón, ese salto que dan del asiento cada vez que llaman a un nuevo paciente… yo también pasé por eso.

Pasas a la sala de espera y conoces a esos “compañeros de viaje” que a partir de hoy verás a diario, porque la sesión de cada paciente es siempre a la misma hora así que coincidirás con ellos cada día durante las próximas 5 ó 6 semanas. Si tu sesión es por la mañana, siéntete afortunado. Casi siempre entrarás puntual, con unos 15 minutos de retraso como mucho. Pero si, como me pasó a mí con las primeras 4 sesiones, te toca por la tarde… prepárate. Los retrasos se van a acumulando y yo llegué a tener que esperar hasta 2 horas y media, con clan gitano incluído, como en toda clínica que se precie: er papa (paciente), la mama, el nene, con la mujé y la cría dando porsaco esperando pacientemente su turno, mientras dilucidaban cómo cambiar el canal de la tele de la sala de espera, que está colgada casi del techo, sin tener que pedirlo a los técnicos, amos y señores del mando a distancia.

Total, que llegas cada día a la misma hora y coincides con Ce, cuyo marido se pega unas siestas mientras espera que da gloria verle; con Jota, que viene en ambulancia desde Villa  Lejana y siempre llega con retraso “pero claro, es que como tenemos que recoger a cuatro más en otros pueblos, pues claro, hacemos la ruta del bakalao y ¡cómo vamos a llegar a tiempo! pero vamos, que mi culpa no es porque yo estoy lista desde bien temprano, pero si no llegan, pues no llegan, y claro luego llego aquí y ya me han llamado y, total, yo termino en cinco minutos pero cuando salgo no me puedo ir, nooooo, me toca esperar ooootra vez a que venga la ambulancia con los demás y yo que me quiero ir a la playa, porque mi hija tiene casa en el campo, pero a mí lo que me gusta es la playa, pero claro, esto de tener que venir todos los días…”; coincides también con la otra Jota, discreta y silenciosa, a la que te encantaría poder acercarte porque creo que no va cómoda con su Miss Pelos y –llámame atrevida- pero creo que esa chica tiene mucho dentro que no saca.
Y un buen día dejas de coincidir con algunos de ellos, como Pe, que siempre iba acompañado de su mujer. Esa pareja destilaba amor a borbotones. Él estaba recién laringotomizado y se negaba a acudir aún al logopeda. Pero daba igual. Ella comprendía cada uno de sus susurros, no necesitaba escucharle, ya sabía lo que él le quería decir antes de articular sonido. Se cogían de la mano y acomodaban sus cabezas para intentar descansar en una sala de espera abarrotada de gente tras haber compartido otra mala noche… ¿qué habrá sido de él? 
Y entonces se abre una de las tres puertas y sale la técnico de radio y te llama. Es tu turno. Pasas  a la cabina (la nº2, Unamás, acuérdate de cuál es, que luego terminas y nunca recuerdas dónde has dejado tu ropa y tu bolso) y te desnudas de cintura para arriba -si te has acordado de no ponerte vestido @#%$&!!!-  para ponerte una megabata (¿sólo hay talla XXXXL?) que debes abrochar a la espalda. Eso si has tenido suerte y te ha tocado “el tesoro”: la que lleva el cordoncito para atarlo. Lo habitual es que vayas con el culo al aire desde tu cabina hasta la máquina, luciendo “espalda” por un pasillo interminable.
Y llegas a la máquina, otra de tus mejores amigas (como tu Miss Pelos o como Doménica) en este viaje en el que te has embarcado. A ver, cómo os lo explico… es una camilla alrededor de la cual se mueve un “brazo” con forma de C terminado en una pantalla redonda por la que se supone que sale “tu rayo amigo” –pero tú te sientes estafada porque no se ve ni rayo, ni colorines ni ná, así que no hay gafas de sol psicodélicas ni nada por el estilo. 
Como no sé si está quedando muy claro os adjunto gráfico ilustrativo realizado por Príncipemayor:
Llegas, te acuestas y las técnicos empiezan a jugar al toro mecánico contigo y con la camilla que te sujeta: zuuummm (palante), zuuummm (patrás), zuumm patrás, zum, zum, (patrás un poquito y otro poquito), lateral, brrrrruuuuuuuum (pal’lao), clack (frenada en seco), bruuum, clack,  vertical, bruuuuum, clack clack (como cuando eras pequeña y el peluquero te subía el sillón a poquitos). 8 ó 10 brums y clacks más tarde, ya te han posicionado y te recuerdan: “venga reina, que ya estamos, no te muevas nada”. Y comienza la sesión.
La máquina se pone en marcha, la C empieza a moverse  y dentro de la pantalla redonda –que se parece bastante a la que conoces de las radiografías- ves unas láminas de metal que se mueven al son de un concierto: bzzzzzz (radiando) ruuuuu (moviendo láminas) bzzzzzz (radiando) ruuuuu (moviendo láminas). 
La serie es: pantalla en posición –> 12 bzzzzzz (a razón de 5 segundos/ud)  –> 12 ruuuuu  (a razón de otros 5 segundos/ud) –> desplazamiento de la pantalla a nueva posición –> 12 bzzzzzz –> 12 ruuuuu –> desplazamiento de la pantalla –> 12 bzzzzzz –> 12 ruuuuu… y así sucesivamente hasta pasar por unas 8 posiciones diferentes. En total unos 20-25 minutos. Y todo eso en una comodísima posición: bocarriba, con el brazo “malo” en alto tocándote la coronilla –¡uy, cómo me ha crecido el pelo!– sin depilar y sin poder moverte ni un milímetro. Eso sí, tú eres mú práctica y no vas a perder esos preciosos 25 minutos: lo mismo te haces la lista de la compra que organizas el equipaje del fin de semana mentalmente.

Y ya está. Se acabó por hoy. Vuelves a pasear tu culo espalda de vuelta a la cabina donde dejaste tus cosas (joddd… ¿cuál era?) y sales sonriente a la sala de espera despidiéndote con un alegre: “Hala, yo ya he hecho mis deberes. ¡Hasta mañana!”
Y eso es todo. Mañana más. Ahora ya sabes lo que es una sesión de IMRT: Radioterapia de Intensidad Modulada. 
Y no me preguntéis por los efectos secundarios porque yo no he notado ninguno. Casi. Ni piel roja (esforzándome mucho diría que la zona inferior a la cicatriz está un poquito más morena que el resto), ni irritada, ni ampollas, ni inflamación, ni ojo con ese pliegue porque la humedad te puede hacer estragos, ni ni… nada. ¿Cansancio? Vale, eso sí. Pero, como sabéis, lo que peor llevé de la quimio fue esa sensación de agotamiento absoluto que no me permitía ni estar sentada en una silla a partir de las 18h, así que ahora apenas lo noto. Toco madera. Aún me falta la mitad del tratamiento. Ojalá siga así.

4 comentarios en “Radio session

  1. Venga que ya no te queda nada de nada. Yo con la radio no tuve ningún efecto, ni siquiera cansancio. El dibujo de tu príncipe es perfecto!! Es un artista.

  2. Pero que bien hablas!, y que bien te explicas!. A mi los efectos me salieron al final solo, el cansancio la ultima semana que por las tardes me quedaba dormida por todos los sitios (aunque no me hizo parar…), y el quemazo (era un gran quemazo) me salio despues de acabar como dos o tres dias despues. Asi que ponte muchaaaa crema aunque no lo tengas rojo. Besos

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