La niña del mecano


Una de las consecuencias de pasar por un cáncer de mama es lo poco que acaba costándote enseñarle las beep beep a cualquier usuario de bata blanca (o verde):

– Hola, soy el -ólogo.
– Hola, yo soy Uniteta y éstas son mis beep-beep. 
Bueno, desde que eres amazona enseñas una sola beep-beep y un costurón.
Pues hoy tocaba un nuevo doc: el traumatólogo. Un amabilísimo señor que, lejos de decirte que estás estupenda, te ha derivado a otro bata blanca: el torturador. Digooo… el fisioterapeuta. Así que hoy te llevas el premio: segunda vez que enseñas tus beep-beep en menos de una hora.

En esta ocasión al menos es una cara conocida, cariñosa y amabilísima. Este doc ya conocía a tus padres mucho antes de que tú nacieras y no es la primera vez que te pones en sus manos. Después de poneros al día desde la última vez que os encontrásteis este verano, echaros unas risas a costa de tus andanzas como amazona, aclararle algunas dudas sobre tu tratamiento (lamentablemente un familiar suyo va a seguir tus mismos pasos), y presentarte a su hija, también torturadora, digooooo… fisioterapeuta, que será quien te trate a partir de mañana, se pone manos a la obra.

Te ponen de frente, de espaldas y acostada mientras juegan contigo como si fueras un mecano al que hay que apretarle tuercas, girar unas piezas, ensamblar otras, etc. Te dicen cosas tan bonitas como que tienes un síndrome subacromial, que es algo de los tendones y el manguito rotador de tu hombro. Y tú te preguntas si en la puerta ponía “consulta” o “taller mecánico”. Además, dicen que te tienen que:

 tratar una cervicodorsalgia = lo que para tí vienen siendo los “ay” y los “no puedo” de los últimos meses,

– realizarte drenajes linfáticos = sobarte hasta la extenuación,

– movilizar la zona de la cremallera para separar las adherencias de la cicatriz interna = pellizcarte el lugar que algún día ocupó tu pecho izquierdo hasta que no puedas más y

– corregir los defectos posturales que has adquirido como consecuencia de tu paso por el spa = eliminar esa inclinación de tu cabeza, hombro y costado hacia la izquierda que ya es parte de tu encanto personal.

En definitiva, que te esperan unos estupendísimos meses en su compañía, dejando que la niña del mecano juegue a apretarte las tuercas sobre una mesa de tortura, aunque ellos prefieren denominarlo “intensivas sesiones de fisioterapia y recuperación postural”, que se desarrollarán tanto en la clínica como en tu casa. Ole. Me da que estas sesiones van a dar para alguna que otra entrada en el blog. Seguiremos informando.

10 comentarios en “La niña del mecano

  1. Pues ya q estas pregunta si reponen tornillos, q he perdido un par, y a por todas, que te soben, te pellizquen, te coloquen y lo que quieran, que a uniteta doscojonis no te gana nadie.
    Bss
    Lou

  2. Pues ya q estas pregunta si reponen tornillos, q he perdido un par, y a por todas, que te soben, te pellizquen, te coloquen y lo que quieran, que a uniteta doscojonis no te gana nadie.
    Bss
    Lou

  3. vaya, esa gente es muy peculiar, lo mismo te invitan a un spa que te mandan al taller… ¡pues mucho ánimo, que ahora ya te toquetean ellos y tú a verlas venir!

  4. No tiene que ver con esta entrada, pero te cuelgo un extracto de la novela “En tiempo de prodigios” de Marta Rivera de la Cruz

    En la sala de espera del oncólogo coincidimos alguna vez con una mujer de poco más de treinta años. Se llamaba Cristina. Tenía tres niños, un cáncer de mama y además de una esperanza ciega en su curación, la voluntad de infundir ánimos a todas las pacientes con las que se encontraba. Había que verla en acción: con solo una mirada era capaz de detectar a la enferma más nerviosa, a la más preocupada, a la más triste de todas, y entablaba conversación con ella. Era prodigioso escucharla. Utilizaba las palabras radioterapia, metástasis o ciclo de quimio con una naturalidad pasmosa, de forma que solo necesitaba unos minutos para prestar consuelo a la paciente que más lo necesitaba. Aclaraba a todo el mundo que su espléndida melena rubia era en realidad una peluca y facilitaba las señas de la tienda donde la había comprado, contaba que estaba siguiendo un régimen vegetariano para preservar su hígado maltrecho, que había explicado a sus hijos que iba a perder el pelo «para que no se asusten cuando tengo que lavar el postizo». Se reía mucho, era guapa y alegre, y joven, y estaba enferma, y quería ayudar a otros, y no tenía miedo, y contagiaba su serenidad y su optimismo y sus ganas de estar viva.

    :) Bss, Mariprima

    1. gracias, Mariprima. Una y mil veces, gracias. Gracias por verme reflejada en este texto. Mucha parte de la culpa de que yo haya podido llevarlo con alegrovosía la tenéis vosotros, que estáis ahí a las duras ya las maduras. Gracias siempre por tus palabras. Y por tus silencios.

  5. La verdad es que te han clavado (en el texto, digo, aunque supongo que en la sesión de fisio también habrás sentido que te clavaban alguna que otro codo, brazo o incluso mazo. Supongo que poco a poco irá doliendo menos. ¡Ánimo, guapetona!

  6. Hola te leeo desde hace tiempo mi madre tb la operaron n julio y otra vez n agosto para ampliación de margenes la duele el brazo sobre todo tumbada pero no lo tiene hinchado ni nada esta tb con radio y la cuesta un montón estar n la postura te suena jj haber si Acabáis pronto de una vez

  7. Hola te leeo desde hace tiempo mi madre tb la operaron n julio y otra vez n agosto para ampliación de margenes la duele el brazo sobre todo tumbada pero no lo tiene hinchado ni nada esta tb con radio y la cuesta un montón estar n la postura te suena jj haber si Acabáis pronto de una vez

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