No news, good news


CA 15.3 = 8

No, no se me ha ido la cabeza. Sigo siendo negada para las matemáticas y esto no es una ecuación ni nada por el estilo. Es el valor que ha dado el marcador tumoral en mi última analítica. ¡Y es un dato estupendo! Tanto como para bailarse un titiriritititiii

Hace mucho que no tenemos boletín de onconews. Os debo una actualización. Esta es mi rutina desde hace muchos meses:

Día “Ana”: toca ANA-lítica (suele ser un viernes). Dejo a los niños en el cole y me voy a la clínica a hacerme la extracción de sangre. El pajarito funciona correctamente, sólo un par de veces ha habido “atranque” y han tenido que desatascarme las tuberías con maniobras como las que os contaba aquí. La última analítica me tocó justo el día siguiente a nuestro Bando de la Huerta, fiesta local por antonomasia en la que se hace apología del colesterol a ritmo de jota y litros de Estrella, y claro, al día siguiente no me salía sangre. Directamente me salían morcillas por el port-a-cath.

Nota al margen: ¿tú sabes lo que impresiona ver que la enfermera te pincha un pedazo de aguja en todo el escote, succiona y no sale nada??? ¿Venga a darle p’adentro  y p’afuera y la jeringuilla sigue vacía? Vamos, que no se llena ni siquiera de ese cutre e inútil liquidillo (bioquímicamente hablando) que da a entender que en algún momento, después de numerosas e intensas maniobras, saldrá sangre. ¿Pueden las venas estar vacías? ¿Va a ser verdad que a mí me corre horchata por las venas?

Para los curiosos: el pinchazo duele, pero es totalmente soportable. Es una zona delicada y la aguja es bastante gruesa, pero quitadas las dos primeras veces, la mayoría de los porta-porta’s (portadores de port-a-cath jajajajajajaja humor oncológico) nos conformamos con torcer el morro en el momento del pinchazo, resoplar tras el banderillazo y listo.


Tras la extracción, jeringuillazo de heparina y a casa.

Día Ana+3 por la mañana (suele ser un lunes): recojo los resultados de la analítica. Hace meses que mi ejército cuenta con más de cinco mil soldaditos. ¡Ole! Resto de valores todo ok. 
Día Ana+3 por la tarde: visita al druida para presentarle el recuento de mis tropas y que me dé los papelicos necesarios para recibir mi veneno para vivir al día siguiente.

Día Ana+4 (suele ser un martes): día del chute. Dejo a los niños al cole y me voy a la peluquería. Paso por el mostrador de recepción a recoger “mi carpetica, porfa, que me toca chute”, y la chica ya no te pide la tarjeta sanitaria, ni el nombre, ni ná… te conoce perfectamente. -¡Guapa tú!- Cojo mis papeles y me voy a la sala.  A ver si coincido hoy con A.  o con L., que hace mucho que no la veo. Llego a la puerta y me encuentro con un par de acompañantes “novatos” que no saben si pueden pasar a estar con su familiar, o si tienen que entregar el informe o esperar a que los llamen… Doy los buenos días y les pregunto si van a pasar y les animo a entrar, “si no pasa nada, aquí nos conocemos todos”.

Saludo a mis niñas (esos angelitos de bata blanca que ya son parte de mi vida), me coloco en mi asiento (casi siempre el mismo, como os conté aquí) y espero a que llegue mi turno para “enchufarme” a la pitiditos. Lo normal es que antes de las 10:00am ya esté conectada.

Son dos horas recibiendo venenitos: suero, premedicación (la bomba que me deja chofff durante dos días), chute de anticuerpos, suero y heparina.

En esas dos horas hay tiempo para todo:

– ponerte al corriente de los avances de tus compañeros habituales: cada paciente tiene su tratamiento y no siempre coincides con los mismos, pero hay algunos fijos que se chutan cada tres semanas como tú, y nos da mucho gusto encontrarnos y seguirnos la pista;

– leer: otro regalito de mi cáncer, hoooooras y hooooras de lectura;
-pelear contra el sueño que te da el maldito antihistamínico de la premedicación, servido en dosis de caballo;
-oir el runrún de AR en la tele con la carnaza de turno. Aunque desde hace unas semanas noto que está cambiando el tercio. A peor. Ahora me tengo que tragar a Mariló Montero. Sin comentarios. 
– marujear en facebook, tu gente acompañándote vía whatsapp, perderte de blog en blog;
– comerte el sándwich mixto que te preparaste esta mañana al tiempo que hacías los bocadillos para el recreo de los niños. Pese a los recortes y el cierre de la cafetería de la clínica, te siguen ofreciendo desayuno pero tú ya eres experta y sabes que cuando lleguen los cafés, con suerte estarás desenchufándote;
– y algo que a mí me gusta mucho: que algún recién llegado se dirija a ti para hacerte alguna consulta y entabléis una bonita relación inicial del tipo “tutoría”. Que un desconocido confíe en ti en un momento tan difícil de su vida, llena mucho. Y si seguís viéndoos, acaba en amistad.

Esto lleva implícita una parte que no me gusta: gente con quien coincidías antes y ya no lo haces. Inevitablemente te preguntas qué habrá sido de él. Seguramente ha variado la cadencia de su tratamiento. Seguro que es eso. A veces le preguntas a las niñas. Otras veces no te atreves a preguntar.

Y entre unas cosas y otras ya han pasado las dos horas que tardan tus venenitos en llegar a tu cuerpo y te despides de tus compañeros. Una sonrisa, un “¡una que se va! ¡Hasta dentro de veintiún días!”, una caricia a quien sabes que lo lleva fatal, un “para la próxima me traes unas patatas del huerto del que tanto alardeas”

Recoges tus cosas y te vas a casa aperreada. ¿He dicho aperreada? Me he quedado corta. Aperreadísima. Maldito antihistamínico. Los anticuerpos (el chute en sí) son lo de menos, pero la premedicación te deja hecha polvo durante dos días. Claro, claro, todo lo que te meten es para que no te dé alergia, ni vómitos, ni dolor de huesos ni ni ni … y realmente de eso no te da nada. Pero a mí este cóctel me deja para el arrastre. Me acostaría en el sofá durante las próximas doce horas y sólo me levantaría para calzarme el plato de macarrones instaurado como menú del día (del día del chute) desde tu primer ciclo de quimioterapia hace ya un año y medio. Pero me niego. ¡Movimiento! (el que puedas… y un poco más).  Hay que cocinar, comer con los príncipes, comentar la mañana escolar, llevarles corriendo de nuevo al cole… la rutina normal de una mamádedos. Qué os voy a contar que no sepáis.

Y pasado el día del chute, dos semanas y media libres de citas médicas y… volvemos a empezar.
Así que retomando el título de la entrada, “no news, good news”. Seguimos en la lucha, ganando batallas. Peleando. Viviendo. Sonriendo.

Seguiremos informando.

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