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Cuento medieval: las nuevas rutinas de la princesa Uniteta


“… la bella princesa Uniteta Doscojonis era feliz. Le gustaba ir al mercado por las mañanas y comprar carnes, pescados y frutas para alimentar a sus príncipes. Paseaba con las doncellas de la corte y juntas acudían al puesto de Decathlonis, el experto en ropajes y calzado para las prácticas con la raqueta espada de los príncipes; a Merceriatis le compraba una fantástica tela llamada fieltrum con la que le gustaba fabricar las más diversas creaciones; a menudo paraban en el puesto de Fuensantis Libreriae, la más sabia y culta de todos los mercaderes, donde disfrutaban hojeando bellísimos cuentos para los príncipes y sus amigos.

Acudía regularmente a ver a Fisioterapium, aunque su compañía no le resultaba nada agradable. Siguiendo instrucciones del druida, cada tres semanas se desplazaba de la mano de la Reina Madre a Villa Oncologiae para el recuento de sus tropas, que desde hacía meses rondaban los 5.000 efectivos, lo que permitía que recibiera su dosis de Herceptín brebaje. Ésta pócima no es tan fuerte como la del invierno anterior, y en lugar de otorgarle superpoderes la convertía en una marioneta de articulaciones doloridas que se dejaba agasajar por Morfeo durante toda la jornada.

Los fines de semana disfrutaba en familia, degustando sabrosos manjares en casa de la Reina Madre, acudiendo a fiestas infantiles de otros príncipes y princesas , visitando a sus familiares en una villa cercana…

Uniteta llevaba una vida feliz pero sobre todo bastante “normal”. Sabía que de alguna manera, era diferente al resto de habitantes de la villa por muchos motivos, por lo pasado y por lo que aún le quedaba por pasar, pero había conseguido crear una rutina sin sobresaltos con la que se sentía cómoda y protegida. Había aprendido a convivir con sus emociones y sus pequeños miedos y se sentía poseedora de tres grandes tesoros: su familia, sus amigos y su nueva identidad…”

Cuento medieval: φιλοι


“… el tercer día de contienda fue decisivo. Uniteta estaba exhausta. Eran ya muchas horas luchando cuerpo a cuerpo contra Lady Fiebre y Lady Erupción Portodoelcuerpo. Lo peor de todo era que su hasta ahora inquebrantable ánimo también flaqueaba y eso aún la hacía más débil frente a sus enemigas. Recurrió entonces a su arma secreta: decenas de amigos salieron de detrás de los árboles, debajo de las piedras y más allá de las montañas,  la levantaron en volandas y le dieron el empujón que necesitaba para continuar batallando. La bella amazona volvía a sentirse fuerte y capaz de vencer. Llegada la tarde derrotó a Lady Fiebre, que huyó con toda su escolta lejos de la villa y Lady Erupción Portodoelcuerpo comenzaba a perder terreno. Uniteta sabía que la victoria estaba cerca…”

Cuento medieval: ¿alérgica a la fiebre?


“… la batalla nocturna fue dura. Lady Fiebre regresó con más de 39 escoltas y Uniteta se sentía muy cansada. Sus fuerzas flaqueaban y, pese a luchar junto a Sir Antibiótico y Sir Paracetamol, no era capaz de plantar cara a la perversa Lady Fiebre. Uniteta decidió entonces sustituir a Sir Paracetamol por Sir Nolotil, dado que la noche anterior fue el claro vencedor en Villa Urgenciae. Consiguió así que Lady Fiebre le concediera una pequeña tregua, reduciendo sus tropas a 38 escoltas durante la madrugada, pero no lograba minar más sus efectivos. La bella amazona se sentía agotada, circunstancia que aprovechó Lady Erupción Portodoelcuerpo para afianzar sus posiciones y hacerse fuerte, atacando a Uniteta con su ejército de Picores de la Muerte. Pasaron la madrugada luchando y cuando el día comenzaba a clarear, la bella amazona, agotada y asustada, consultó con el druida, quien le ordenó  llamar inmediatamente  a Sir Urbasón, despedir a Sir Paracetamol, alinearse con Sir Nolotil y mantenerle al corriente del desarrollo de la batalla…”

Cuento medieval


“… tras desayunar con su gran amiga Lady T., cuando cabalgaba por la villa camino de la tienda de uniformes escolares el herrero, la bella amazona Uniteta Doscojonis comenzó a sentirse mareada y sin apenas fuerzas, por lo que decidió regresar a casa. Utilizó entonces el artilugio mágico que guardaba junto a los brebajes y ungüentos medicinales. Aquél que parecía tener campanas en su interior y una ventanita con dibujitos que un día un sabio le dijo que se llamaban “números” que representaban “grados”.

Comprobó entonces lo que se temía: Lady Fiebre y sus más de 39 escoltas se habían colado de nuevo en casa sin haber sido invitados, además de haber traído con ellos a Lady Erupción Portodoelcuerpo. Contactó rauda y veloz con el druida, quien le ordenó acudir a la vecina Villa Urgenciae donde amablemente contaron sus tropas, dando un resultado de 4.260 soldaditos, el 75% de ellos de nombre Neutrófilo. Uniteta celebró la noticia, puesto que eso significaba que la perversa y peligrosa Lady Neutropenia no había venido con ellos, y dejó que dieran de beber a su pajarito: Nolotilum y Augmentinum. Aquellos brebajes la hicieron sudar, mojando sus ropajes y, cuando regresó a casa, Lady Fiebre había desaparecido pero amenazaba con regresar pasadas unas horas. 

Las instrucciones fueron precisas: dejarse agasajar por Sir Paracetamol y Sir Antibiótico durante 5 ó 6 días y de esa manera, Lady Fiebre y Lady Erupción desaparecerían para siempre…”